Figurantes de cine y televisión, una historia jamás filmada

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El grupo de figurantes con quienes hablamos para este reportaje. Foto: David Fernández.

Sin caras conocidas, sin nombre ni apellidos en los títulos de crédito, sin frases de guión y sin convenio (hasta mayo de 2016, cuando se firmó el I Convenio de Figuración). Así es el marginado pero imprescindible trabajo de figuración en el sector audiovisual.

A finales de enero de 2016 quisimos conocer de cerca las reclamaciones y condiciones de trabajo de un sector totalmente invisible –tanto como fundamental– en la creación audiovisual: el de las personas que se dedican profesionalmente a la figuración en cine, televisión, publicidad y teatro.

En aquel momento llevaban meses tratando de participar en la negociación de lo que sería el primer convenio del sector, finalmente firmado en mayo, ya que la falta de regulación había propiciado unas prácticas insoportables, como nos contaron.

El reportaje se publicó en el número 263 de Diagonal (primera quincena de febrero de 2016), y en la web el día 6 de febrero, coincidiendo con las protestas de los figurantes durante la ceremonia de entrega de los Premios Goya.

Muchas gracias a las personas que nos contaron cómo es el trabajo de figurante. Es de esperar que, con el convenio ya vigente, su realidad laboral haya mejorado. Ojalá.

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Cuando Pablo Iglesias pronunció el emotivo discurso de menos de un minuto con el que cerró su participación en el debate entre tres candidatos y una vicepresidenta del Gobierno organizado por Atresmedia y emitido el 7 de diciembre de 2015, las 300 personas que hacían de público en el programa –la ciudadanía como atrezo del espectáculo político, elocuente símil– llevaban más de cuatro horas trabajando.

Habían entrado en el plató a las 20:30 –el debate empezaba a las 22:00– y no salieron de él hasta cerca de las dos de la madrugada. Sin poder moverse ni levantarse, con los teléfonos móviles confiscados, sin permiso para utilizar el aseo ni beber nada y con un cordón de guardias de seguridad privada impidiendo que salieran del estudio. No pudieron hacerlo hasta que intervino la Policía Nacional. Una de las figurantes incluso se desmayó. Más metáforas que nos piensan.

La trastienda de la fiesta catódica de la democracia –ésa que oficia cada cuatro años Manuel Campo Vidal, en esta ocasión suplido por Ana Pastor y Vicente Vallés– resultó una jornada en la oficina especialmente dura para quienes reciben ninguneo mientras realizan una labor indispensable en las producciones audiovisuales.

“Ha sido lo más extremo, lo peor que he vivido en una grabación”, recuerda Teresa, una de las ocho personas con quienes nos sentamos a conversar. A escuchar, sobre todo. Son profesionales de la figuración en cine, televisión, publicidad y teatro. En grandes montajes internacionales, en series de presupuesto reducido o en anuncios de firmas exclusivas. Viven de eso, es su principal ocupación, no son aficionados a las películas que quieren contemplar de cerca un rodaje ni pertenecen al club de fans de un actor famoso. Pagar facturas, el alquiler o la hipoteca y mantener a sus familias depende de lo que ganan cada día. Porque sus contratos duran un día. Son jornaleros y jornaleras del sector audiovisual.

Teresa cobró 20 euros por ese trabajo en el Debate decisivo. En negro, ya que, según denuncia, es práctica habitual que la figuración como público en televisión se pague de esa manera. “Firmas un recibo como que has colaborado y ya está”, dice.

Quiso quejarse formalmente por todo lo sucedido, pero le aseguraron que no existía hoja de reclamaciones. Hubo más que palabras con la coordinadora de la agencia que les había contratado para ese evento y con una responsable de Antena 3. “Desde entonces, nos han hecho la cruz. Con esta agencia he trabajado dos días desde el 7 de diciembre”, reconoce.

Ella se dedica a la figuración desde hace cinco años y, en realidad, no es Teresa. Ninguna de las ocho personas quiere dar su nombre. Saben demasiado bien que eso supondría no volver a trabajar en una larga temporada. Porque lo que cuentan y quieren que se sepa no es agradable ni deja en buen lugar a quienes les contratan. Temen represalias, pero han optado por no callar y no les importa emplear un nombre que no es el suyo. Al fin y al cabo, el anonimato y la invisibilidad son rutina en un trabajo sin el cual no habría películas ni series de televisión.

“Atrezo que come”

Gerardo describe el trabajo en figuración como “hacer bulto, cubrir los huecos vacíos de la escena”. Jaime precisa que lo suyo es “darle realidad y verosimilitud a la escena que se representa, hacer que ésta cobre vida. El actor representa un papel, nosotros damos vida al mundo que hay alrededor de ese personaje”.

Les pregunto si puede entenderse la figuración como un primer paso, un trampolín para llegar a desarrollar una trayectoria en la interpretación. Ramón asegura que “sí hay gente que hace carrera, puedes dar el perfil para otros papeles importantes. Hay quienes empezaron en figuración y poco a poco han ido metiéndose en ese mundillo porque son buenos y van creciendo. Yo estoy haciendo ahora teatro, que nunca había hecho, y he tenido frases en algunas series”.

Para Jaime, se trata de “un oficio como otro cualquiera: quien se preocupa y es profesional, va aprendiendo y se va formando”.

En la mesa salen algunos nombres importantes que empezaron trabajando de figurantes, como Alfredo Landa, Santiago Segura, Fernando Tejero o Imanol Arias, que, aseguran, ha llegado a referirse a quienes trabajan en la figuración de la serie Cuéntame cómo pasó como “atrezo que come”. Las vueltas que da la vida.

Luis trabajó el lunes 25 de enero como figurante en la grabación de la serie El ministerio del tiempo. Así relata cómo se desarrolla una jornada: “Te citan el lunes a las siete de la mañana, desde ahí te llevan a Talamanca del Jarama, en este caso. A las ocho empiezan a maquillarte para dos escenas, una ambientada en la Expo de Sevilla del 92 y la otra en el siglo XV, con cambios de vestuario. Hay rodajes en los que tienen espacios acondicionados, carpas con cañones de calor por ejemplo, para no pasar calor o frío pero en la mayoría no. Y en los que sí hay, muchas veces se deja fuera de ellos a la figuración. En algunos te dan desayuno y en otros no. En los rodajes de las escenas en sí, te dan las acciones e indicaciones. Muchas veces estás parado, sin hacer nada. Eres como una pieza a la que van colocando según requiere la escena. En cuanto al final de la jornada, fueron liberando a la gente en distintas tandas, porque había una última escena. Pero te liberan para dejar de trabajar y que no cuenten como horas extra. A nosotros fue a las 18:40, pero estábamos en Talamanca del Jarama y tuvimos que esperar a que saliera el autobús de vuelta con todo el mundo. Llegué a casa a las 22:30”. Carlos resume con crudeza sus funciones: “Eres un trasto a disponibilidad total de la dirección”.

Reciben un mensaje en el móvil con la hora de la cita, las peticiones de vestuario y poco más. Es muy habitual que deban llevar una maleta cargada de ropa. “Te piden que lleves tres cambios de vestuario, por ejemplo: ropa hortera de los años ochenta, algo informal y un traje para un cóctel. Llegas cargado con la maleta y muchas veces ni la abres o no se usa lo que has llevado porque no les gusta”, explica Carlos.

“Aunque desde fuera se vea muy bonito, las condiciones son muy duras y mucha gente prueba un día pero no vuelve”, apunta Teresa.

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Cita para una jornada de trabajo como figurante.

Jaime, por su parte, reconoce que “hay rodajes buenos, pero la mayoría son muy pesados. No es un trabajo físico, pero agota. El peor día para un figurante es cuando te citan a las ocho de la mañana y son las seis de la tarde y no has hecho absolutamente nada. Te agotas”.

30 euros por 12 horas

La figuración en el audiovisual carece de un marco propio de regulación laboral, es una actividad que no está incluida en el convenio sectorial.

Este campo sin puertas provoca una disparidad de salarios, categorías profesionales, funciones y jornadas que hace que no se cumpla siquiera el marco básico, el Estatuto de los Trabajadores, en su caso el Real Decreto 1435/85 sobre relaciones laborales de artistas en espectáculos públicos.

Por jornada de figuración se está pagando el mínimo interprofesional, que supone menos de 30 euros netos por días de trabajo que se alargan generalmente más allá de las 11 horas.

Por ello, la reivindicación principal de quienes se dedican a la figuración es el salario. “No puede ser que por jornadas de rodaje de 10 o 12 horas cobremos 27 o 28 euros”, afirma Jaime.

También piden que se respete la duración máxima de la jornada laboral establecida en nueve horas efectivas por el Estatuto de los Trabajadores. La compensación de horas extra, trabajo nocturno, festivos, vestuario o desplazamientos son cuestiones que también quieren ver regladas. Porque hasta ahora corren a cargo de sus bolsillos.

La indefinición de lo que es o no figuración hace que las empresas utilicen categorías profesionales como figuración fija, especial o especial con frase, establecidas por costumbre y no por ley. Todas con distintas condiciones, siempre con el viento a favor para las empresas.

En la serie Anclados, los figurantes habituales, aquellos que van recurrentemente a una producción, cobraban unos 40 euros por jornada y en la segunda temporada, ya cancelada, les llamaron para decirles que la tarifa bajaba a 27,64.

En la figuración especial, la que tiene un acting marcado en la escena o interactúa de alguna manera con actores y actrices, se suele pagar algo más, según la producción y la agencia. La figuración de Cuéntame cómo pasó la lleva la agencia A Primera, que la contrata a través de la empresa de trabajo temporal Nortempo, y paga 40 euros por jornada de figuración especial.

La categoría de la figuración especial con frase es un invento aún más voluble en cuanto a su regulación y salario: en Amar es para siempre, la ETT Alliance Audiovisuales llega a pagar 70 euros por la jornada de este tipo mientras que en El secreto de Puente Viejo, la ETT Temps Multiwork paga 32 euros por la figuración habitual y 13 adicionales por cada frase hasta un máximo de tres, puesto que a la cuarta frase ya se consideraría actor de reparto.

Productoras, agencias y empresas de trabajo temporal conforman el triángulo de las Bermudas por el que desaparecen los derechos laborales en una actividad tan desregulada como ésta. Bárbara retrata otra de sus realidades: “Las agencias son las que se llevan el dinero, hasta el 70% de lo que las productoras pagan por el trabajo de figuración. Las productoras exigen un trabajo acorde a lo que pagan, es lógico y tienen derecho, pero es que ese dinero no llega a quien trabaja. Es denigrante, un abuso absoluto. ¿Cómo puede ser que por un trabajo por el que han pagado 300 euros a mí me paguen 55?”.

La palabra clave que lo explica lleva años siendo trending topic en las relaciones laborales en España: externalización. Jaime resume ese laberinto contractual de la figuración: “Actualmente tenemos que ser contratados por ETT porque las productoras externalizan a agencias toda la contratación de la figuración. Si la agencia directamente contratase y nos pusiese a disposición de las empresas usuarias, podría estar incurriendo en prestamismo laboral, así que todo esto hay que gestionarlo a través de las ETT para que sea legal cedernos a otras empresas”.

De esta manera, los figurantes constan en las bases de datos de varias agencias y empresas de trabajo temporal, que les convocan de un día para otro cuando hay rodaje de una serie, un anuncio o una película. Con suerte, suman unas diez jornadas al mes. “Ahora están haciendo contratos por temporada en las series, a disposición de dirección, algo que sería parecido a un fijo discontinuo. Te contratan la primera vez que trabajas en la serie pero el alta y la baja son diarias, nacen y mueren en el día, según las jornadas en las que te citan”, señala.

Un Goya al convenio

El tercer convenio de actores en audiovisual y publicidad se firmó el 23 de diciembre de 2015, con una cláusula que fija un periodo de tres meses desde la publicación en el BOE para que se regule la figuración. La patronal, FAPAE, exigió como condición para firmarlo que la figuración quedase fuera, pero los sindicatos consiguieron, al menos, dejar esa puerta abierta.

“Queremos estar en esa negociación sobre las condiciones de nuestro trabajo”, expone Jaime. Por eso celebraron una primera asamblea abierta el 9 de enero a la que asistieron 60 personas –en Madrid hay unas 350 dedicadas de manera habitual a la figuración y existe una bolsa muy grande y difícil de cuantificar de figurantes esporádicos; en Barcelona la cifra es similar, pero en Cataluña sí existe un convenio sobre figuración, firmado en 2008–, y con el apoyo de CNT Artes Gráficas han creado grupos de trabajo sobre los temas en los que quieren incidir.

De momento, y al igual que en anteriores ediciones, la gala de los Premios Goya de hoy, 6 de febrero, volverá a ser un escenario en el que la figuración se hará visible. A pequeña escala, sin photocall ni titulares, recordarán de nuevo que esa alfombra roja es posible porque también existen otros actores y otras actrices.

Cuatro noches en la estepa Dothraki

El pasado mes de octubre, Pepe Roncero se convirtió durante cuatro noches en guerrero Dothraki. Por darse un capricho y también por sacarse una vieja espinita –años atrás intentó dedicarse profesionalmente a la figuración–, trabajó como extra durante esas cuatro noches en el rodaje de la sexta temporada de Juego de Tronos, que HBO realizó en una localización en Almería.

Cobró 50 euros por cada jornada, de más de doce horas y en turno de noche, y tanto el viaje hasta allí como el alojamiento corrieron de su cuenta. En alguna de las cuatro noches en que trabajó llegaron a participar más de 400 figurantes.

“El primer día te dicen que no puedes acercarte al equipo ni a los actores, hay mucha separación con el reparto y el equipo técnico”, cuenta a Diagonal.

“Es un trabajo muy pesado porque la mayor parte del tiempo estás esperando. Te daban unas mantitas porque vas medio desnudo. Te sientes un poco como una oveja”, recuerda.

En el rodaje coincidió con un figurante que había trabajado en Almería cuando las vacas del far west eran gordas: “Nos contaba que era distinto, los figurantes estaban organizados y les respetaban”.

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