Entrevista a Remedios Zafra (y II)

Remedios Zafra, autora de 'Ojos y capital'.

En la segunda parte de la entrevista a Remedios Zafra, autora de ‘Ojos y capital’, hablamos de la fantasía o virtualidad de las relaciones establecidas en internet; de las posibilidades políticas de la llamada cultura libre; de cómo la red ha atravesado la construcción mental que hacemos de la realidad; y también de la web como plataforma para visibilizar prácticas artísticas que se crean sabiendo que ésa va a ser su sala de exposiciones.

Venimos de aquí: https://periodicodeanteayer.wordpress.com/2015/08/12/entrevista-a-remedios-zafra-i/

– Hay prácticas de resistencia política en las que internet ha sido una herramienta fundamental (15M, Anonymous, activismo hacker,…). ¿Cómo valoras estos movimientos, frente a las prácticas políticas presenciales (lo que hace la PAH, por ejemplo)?
La dimensión adquirida por los colectivos activistas online es fascinante por muchas razones: la posibilidad de multiplicar personas implicadas, la difusión de conocimiento (y de otra mirada al conocimiento), la fácil disponibilidad de instrumentos que permiten accesibilidad, la posibilidad de intervenir en dichos instrumentos, la pluralidad de personas que a nivel global pueden unirse en estas comunidades, la potencia de actuar desde el “cuarto propio conectado” y la implicación de personas que hasta hace poco no podían formar parte del espacio público y estaban sentenciadas a la esfera doméstica… Éstas, entre otras, serían potencias que no se han contrapuesto al activismo presencial sino que lo han implementado, pues habitualmente actúan unidos.

– ¿Consideras que el software libre o la cultura libre (las licencias Creative Commons, por ejemplo) son muestras de un antagonismo político efectivo dentro de internet o crees que reproducen y propician prácticas y relaciones neoliberales?
Creo que la cultura libre forma parte imprescindible de la Cultura-Red pero que, pese al antagonismo político de su autodefinición como “libre” o como espacio necesariamente crítico con la cultura hegemónica, mantiene importantes sesgos de clásicas formas de poder y precisa de autocrítica. Me preocupa, por ejemplo, que las personas que mayoritariamente construyen la llamada cultura libre se parezcan tanto en sus perfiles (hombres, jóvenes y occidentales), creo que la pluralidad es algo necesario para hablar de cultura libre y que de una manera, con seguridad no intencionada, pero claramente pasada por alto, esconde maneras de la hegemonía patriarcal y etnocentrista (con los valores de competitividad, masculinización, individualidad y homogeneidad que le son propios). Si lo pensamos bien, las formas del poder y del contrapoder todavía se parecen demasiado en las personas que los encarnan y a mí, fíjate, esto siempre me ha parecido sospechosamente llamativo.

Y más concretamente, en relación a tu pregunta, pienso que aunque tendemos a polarizar en visiones dicotómicas de la cultura que habitamos, la cultura hegemónica y la cultura libre (o culturas de resistencia) operan hoy en un juego de fuerzas de infinitos matices que se retroalimenta y regula homeostáticamente, de forma que los desequilibrios cuando acontecen nos hacen avanzar o retroceder pero formando parte ambas de un mismo sistema. El caso de las licencias Creative Commons, por ejemplo, parece estar plenamente asumido en un marco neoliberal (de hecho la rentabilidad de los productos que sella suelen ser ojos que esperan canjearse por capital), sin embargo aunque su poder fuera meramente simbólico, creo que ha sido importante como muesca de una erosión más compleja, y seguramente más lenta, que es la transformación en las ideas de propiedad, producción, consumo y economía.

– ¿Son reales las vidas y relaciones ‘personales’ que se establecen en internet?
Por supuesto, la realidad no excluye a la virtualidad. De hecho, tengo la impresión de que lo que consideramos real será transformado con la vida cada vez más mediada por pantallas. La pregunta por la veracidad de lo que vemos (en tanto mediado por una interfaz) sigue operando y esto me parece fascinante (en todos los grados positivos y negativos que conlleva la fascinación) para imaginar mundos futuros donde podamos convivir con distintos grados de ficción que, en tanto apropiados para nuestras vidas, formarán parte de nuestra realidad (aunque no tengan equivalente material).
Si me preguntas si son reales en el sentido de si hay veracidad en las relaciones que se propician en internet, creo que nos encontramos ante una diversidad de relaciones y diversidad de grados de veracidad posibles. El escenario cambia, pero la búsqueda de afecto y socialidad de las personas sigue estando.

– ¿Merecen la pena vidas donde las identidades y relaciones son meros productos de intercambio?
Una vida no emancipada, limitada a la objetualización del sujeto es una vida domesticada. ¿Merecer la pena? Si apuntas a si merece la pena que optemos por esas formas de vida, claramente debiéramos enfrentarnos a todo contexto que nos convierta en obedientes y sumisxs, ya ni siquiera por imperativo explícito, sino mediante la sutileza de una socialización liviana donde nosotrxs somos lo producido, lo consumido, lo intercambiado y lo rentabilizado. Cosa distinta sería habitarlo con conciencia crítica e instrumentalizarlo como quien “infiltra la alteridad allí donde se desea un cambio”.

Pienso que la libertad de pensamiento y la posibilidad de ejercitarlo son la base de toda construcción identitaria y de toda vida off/online. Pero la conciencia no siempre es fácil cuando habitas la inercia de una época como ésta, muchas personas prefieren dejarse llevar y huir de la angustia de una vida conscientemente asumida. La cuestión (o una de ellas, al menos) es que en la actualidad estamos desmantelando los espacios de educación pública y pensamiento libre que debieran garantizar mecanismos para que los ciudadanos puedan habitar críticamente el mundo y construir libremente sus identidades, poder decidir sobre ellas.

Remedios Zafra.

– ¿Cómo afectan los modos de internet a nuestra construcción mental de la realidad (fugacidad, no ejercitar la memoria al usar Google, pensar en 140 caracteres,…)?
La humanidad conectada es distinta a la humanidad pre-internet. Creo que no sólo a nivel mental sino a un nivel integral la idea de lo humano se está viendo modificada por la tecnología y las redes de una manera que nos irá transformando. En Antropología es habitual hablar del sujeto posthumano con la naturalidad de quien advierte que el mundo y con él los humanos estamos constantemente cambiando.

Creo además que apuntas tres aspectos que pueden ser ejemplificadores de nuevos hábitos y funciones que ahora delegamos en la máquina. La idea de memoria es tal vez una de las más evidentes, en tanto cada vez más no sentimos la necesidad de ejercitarla estando Google y un dispositivo conectado que nos permite responder a cualquier pregunta con mayor fiabilidad y menor esfuerzo. La memorización en la era de la Cultura-Red pareciera menos necesaria. Y de ello es más que probable que se deriven otras formas de pensamiento. La más evidente es la que prima y enfatiza la vida en presente continuo, la necesidad de hacer cosas para existir y ser visto “ahora”. En un mundo además marcado por esa fugacidad y obsolescencia a la que aludes, donde la memoria-ram prima el ahora que enseguida se convertirá en algo caduco para dejar paso a lo nuevo, y mañana a lo más nuevo… como si necesitáramos inventar lo que importa cada día.

También creo que nos está cambiando la convivencia naturalizada con nuestras imágenes propias, la búsqueda de visibilidad de lo privado e íntimo que antes protegíamos. O la forma de expresarnos y leer, cada vez más resumida, un leer como un mirar, como si el exceso de información convirtiera el mundo en un escenario de titulares donde leer a golpe de vista, sin perder mucho tiempo. Es bajo esta influencia o motivándola que formatos como el tweet y el post se convierten en señal de codificación de época. Te confieso que esta cuestión a mí siempre me ha irritado especialmente. Aunque valoro el poder de síntesis e ingenio que a menudo exige el aforismo y el titular propios de esas expresiones breves, considero que como contrapartida estamos asentando un nuevo estatuto de la “atención”, de la dificultad de mantener la atención en una misma cosa durante un tiempo. De ello, en consecuencia, se derivan dificultades para profundizar en las cosas frente a un escenario multitarea cada vez más cotidiano; dificultad para reflexionar, para huir de la idea preconcebida, para imaginar lo diferente, ver de otra manera… Es probable que haya lecturas positivas de este cambio, pero en mi opinión sería un claro ejemplo que nos pide convertirnos en agentes activos y no favorecer una deriva que expulse la concentración y el pensamiento de nuestra vida online.

Por otro lado, creo que el exceso de confianza en el poder de archivo de la máquina es algo que nos irá interpelando y enseñando la deriva de mezcla de nuestros archivos y fragmentos recontextualizados y diluidos, enseñando también ante la actual creencia ingenua de que estamos guardando “todo”, sin saber quién tiene realmente poder para archivar y hacer historia. En las últimas décadas hemos visto, por ejemplo, cómo han desaparecido obras artísticas en la red simplemente porque se dejaron de pagar los dominios que las alojaban, o cómo muchos contenidos no pueden visualizarse porque el software y el hardware que antes lo permitía ya quedó obsoleto, cómo la industria tiende a primar todo aquello que suponga llevar una marca de dispositivo determinada, una lente adecuada, a ser posible la última y más cara.

– En el campo del arte, en ‘Ojos y capital’ valoras positivamente lo que internet ofrece, esa mezcla entre la creación profesional y lo amateur. ¿No supone igualar por abajo, como consecuencia negativa?
En ‘Ojos y capital’ resalto la lectura positiva que supone que todxs podamos producir creativamente y compartir lo que hacemos. Me parece que esconde mucho de aquel anuncio de Joseph Beuys que reivindicaba (y yo comparto) que toda persona es un/a artista. Esto se me hace fascinante en internet, incluso como crítica a la Institución-Arte cada vez más elitizada y vinculada al mercado y el capital. En mi trabajo como profesora, la idea de que la formación artística en la educación pública de lxs más jóvenes no debe centrarse en la profesionalización sino en la formación de ciudadanxs libres, críticxs y creativxs es algo constante, e internet puede ser un magnífico aliado para esta pasión por “crear”. Hoy la capacidad creativa no está limitada a quienes se la apropian para una profesión. Es más, pasa con frecuencia que muchas profesiones ya asentadas coartan más la libertad porque llevan detrás un peso de tradición y normas que todo ejercicio creativo que se diga tal cuestiona. Frente a las prácticas entonces edulcoradas y adocenadas por la obediencia e intereses puestos en una institución (profesión creativa), internet ha permitido por fin la posibilidad de desjerarquizar la creatividad haciendo hipervisible la libertad y pasión por crear. El resultado es una explosión de propuestas que claro que no garantizan ningún tipo de calidad, sólo un ejercicio de libertad.

No obstante, aunque en mi libro resalto el interés de la Cultura-Red como escenario donde la práctica amateur creativa transgrede la clásica “visibilidad reducida” que antes tenía “la afición” y convive ahora con prácticas profesionales, mi intención no es ponderarlo como algo positivo per se, sino transitar por este nuevo escenario para hacerlo pensativo. Lo que propongo es un acercamiento en lo posible descriptivo a las maneras en que se gestiona este excedente de práctica creativa visual, y, curiosamente, a la hipervisibilidad de los temas cotidianos, de lo que puede parecernos frívolo, banal o en apariencia “inútil” pero que sin embargo es posicionado como “lo más visto”.

Efectivamente, como sugieres, puede que desde una lectura que hable del “valor que otorga la visibilidad” nos encontremos con que lo más visto no exige ni mucho menos unos mínimos de calidad, y que bajo dicho epígrafe confluya, o pueda hacerlo, lo obsceno, lo cómico, lo trágico o lo absurdo. Pero justamente por dibujarse este nuevo territorio se nos exige reflexionar sobre cómo se están gestando los nuevos sistemas de valor y de prestigio, y qué supone delegarlos en la máquina o en una mayoría movilizada por aquello que decía Barthes: “un deseo a medias, un querer a medias (…) el mismo interés vago, liso, irresponsable, que se tiene por personas, espectáculos, vestidos o libros que encontramos ‘bien'”.

Estas dos entradas son el bruto de las respuestas de Remedios Zafra, tal y como me las envió, para hacer la entrevista publicada por El Confidencial: http://www.elconfidencial.com/cultura/2015-04-27/desconectarse-de-internet-es-una-herramienta-revolucionaria_780366/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s